
Para designar al esclavo, la lengua egipcia carece de una palabra específica. Esto no significa que existan términos para expresar la idea de subordinación, de trabajo, de servicio. Al contrario. Ésa (la lengua egipcia) de esa idea mediante los términos nombrados. Pero algunos de ellos no corresponden a la idea de esclavitud, esto es, de posesión del cuerpo de la persona, de sus bienes, de sujeción y degradación, como los términos latinos o griegos servus, doulos. Ni su empleo, ni su sentido intrínseco, ni su etimología, hasta donde podemos entenderlo, están destinados a este significado.
Se podría pensar que determinados trabajos que realizaban los egipcios para su rey tenía su causa y fundamento en una relación rey/pueblo más de esclavitud o exagerado servilismo que de trabajo remunerado. Sin embargo, resulta imprescindible conocer la ideología en la que se basaba la sociedad egipcia y el poder faraónico.
A través del ejército un joven campesino podía ascender al rango de centurión, con ochenta hombres bajo su mando. Pero ningún legendario de origen humilde podía aspirar a entrar a la clase de los oficiales. La clave para la promoción a los altos niveles era la educación, la riqueza y el rango: el compañerismo o “compadrazgo” sistemático, que operaba entre las familias de la naturaleza.